Una vez que el riñón es extraído del cuerpo del donante, debe ser almacenado mientras se procede a las pruebas pertinentes para la selección del receptor. Este almacenamiento se lleva a cabo mediante la introducción del órgano, en un recipiente lleno de un líquido protector (solución de preservación). Este recipiente es introducido a su vez, en una nevera a 4 grados centígrados, para evitar que la acción de la temperatura ambiente destruya el tejido. Sin embargo, la falta temporal de aporte de sangre al riñón, puede producir que una vez trasplantado, tarde unos días en conseguir una función normal.
Ello se conoce como Necrosis Tubular Aguda o Disfunción Inicial del Injerto, y hace que el paciente precise de algunas sesiones de diálisis tras el trasplante. Esto no debe asustar al receptor. Ocurre en un 30%-60% de los casos cuando el riñón proviene de un donante cadáver. Es una situación habitualmente estacionaria y reversible.
Es menos frecuente en los receptores de riñones provenientes de donantes vivos, puesto que, al ser un acto en este caso planificado en meses, los tests inmunológicos pueden llevarse a cabo antes de la extracción del órgano., Esto permite que la extracción del riñón del donante y su trasplante al receptor sea procesos inmediatamente consecutivos, sin casi tiempo de almacenamiento en frío del órgano.
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